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En una intersección, ¿Quién pasa primero?

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Le planteo al lector la siguiente situación: al encontrarse 4 carros en una intersección, sin semáforo, cada auto en uno de los cuatro sentidos, ¿quién debería pasar primero?

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Esa pregunta me la hizo una amiga, un día que hablábamos de política, de movilidad, de Bogotá…

Ayer, yendo en cicla, me encontré con una situación que me recordó de la respuesta; la situación resultó más bien risible. En la calle 122 con carrera 19 había un trancón inamovible porque el semáforo tanto de la calle como de la carrera estaba intermitente; dañado.

Los carros que subían por la calle 122 habían quedado parados por los que iban al norte por la 19, los cuales estaban parados por los que bajaban por la 122, que no se movían por los que iban al sur por la 19.

Todos pitaban y hacían arranques, intentando encontrar un lugar por donde meterse.

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Los ciclistas se filtraban entre los carros parados en la intersección tal como cuando el agua se filtra por las piedras. Y los que me veían parada en la cicloruta viendo la situación me decían: “Dele por aquí. Vea, hmm, ahí hay paso”.

Viendo la situación quería hacer algo, es una de las ventajas de ir en cicla. Puedo simplemente bajarme, asegurarla y actuar. Caminé entre todas las intersecciones para ver qué podía hacer. Tal vez decirle a alguien que retrocediera y/o avanzara para que el trancón pudiera fluir.

Así que finalmente me le acerqué a una señora en una camioneta para que retrocediera y el taxi delante de ella pudiera hacerlo también; abriendo así paso para los vehículos de la 19.

Cuando me acerqué ella me miró con cara de desconfiada y ante mi petición de que bajara la ventana hizo una seña de negativa. Su respuesta me dio un poco de risa. Entonces, simplemente le dije lo que tenía en mente y retrocedió; al igual que el taxista. El asunto fue que una vez pasaron los carros que iban por la 19, no se detuvieron jamás y finalmente los de la 122 volvieron a intentar abrir camino… a las malas.

La situación no era compleja. Con que cada cierto tiempo y de forma sincronizada, los que van en un sentido pararan para dejar pasar a los que cruzan y viceversa, las situación estaría solucionada.

Pero, ¿cómo llegar a esa situación? ¿cómo ponerme de acuerdo con el que va en otro carro sin hablar? ¿cómo, si logro convencer a la de al lado para que pare, convenzo también al de la otra acera? ¿cómo aguantar los pitos de las personas de atrás que sienten que hay un imbécil que no ha sabido hacerse camino?

No lo sé.

En ese momento, en esa situación, lo que pensé que podríamos hacer es dos personas actuar como el semáforo. Regulando el tráfico, manteniendo los carros de la carrera, de forma coordinada, y luego los de la calle. Ahí pensé que posiblemente necesitaríamos 3 personas por cada uno de los sentidos pues una sola persona puede no ser vista como autoridad y por lo tanto podría arriesgarse a ser atropellada. Y si lo solucionábamos por unos momentos, ¿cómo haríamos que durara una vez nos fuéramos?

No encontré respuesta. Entonces, llamé al 123 Emergencias para que enviaran a alguien para que regulara el tráfico mientras el semáforo funcionara de nuevo. Ah! ¿Por qué tenemos que llamar a un en externo para que regule una situación? ¿Por qué no podemos autorregularnos? ¿Qué falta?

Hablando con Daniel Ángel, compañero del programa de Liderazgo, veíamos esta misma situación en Transmilenio cuando las personas salen y llegan al mismo tiempo de la estación y se quedan atrapados en el puente, porque nadie puede entrar ni salir.

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En ese momento un ciudadano puede proponer que los que están entrando paren mientras los que salen puedan hacerlo y luego de un tiempo que alguien de los que está saliendo pare para que los que estaban esperando puedan entrar.

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Pero, ¿cómo ocurre eso? ¿cómo logro confiar en que si paro a este lado, luego alguien al otro lado va a parar? La pregunta es risible; ¿cómo alguien va a parar realmente? ¿cómo va a saber cuánto llevo esperando? Simplemente va a intentar pasar y listo. Sin embargo, después de reírme un poco al imaginarme la utopía me imagino la situación y pienso ¿por qué no? La respuesta: experiencia. Cuando lo he intentado lo que termina ocurriendo es que no logro pasar. Espero a que eventualmente alguien pare, y tal vez otros paran esperanzados, pero eventualmente se dan cuenta que los del otro lado no paran. Entonces la situación caótica no cambia y no evoluciona. Por sólo un momento cuando la ilusión parece real, la burbuja se rompe.

Pero de nuevo… ¿Por qué no? ¿qué tal si paramos? ¿qué tal si no solo esperamos que alguien lo haga, para ahí si parar nosotros después? ¿qué tal si lo iniciamos? ¿qué tal si lo hablamos con amigos y lo proponemos? ¿qué tal si vemos a la de al lado y la intentamos convencer? ¿qué tal si dejamos de ver cómo salgo yo del trancón y vemos cómo salimos todos de la situación?

Parece utópico, pero creo que es posible. Seguramente al principio sólo escuchemos pitos… del taxista, de la buseta, del particular, motos y ciclistas pasándose por delante… Y tal vez sea frustrante.

Pero quizá eventualmente, nos escuchemos a nosotros, a los otros y lograremos ese sentimiento que hoy parece utópico: el de conectarme con el otro así no hablemos, porque simplemente tiene más sentido esperar un momento para que así avancemos todos.

Por cierto, respecto al ejercicio que planteé al lector, mi amiga me dijo que donde ella vivía pasaba primero quién había llegado primero y en ese orden seguían pasando.

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