El Blog – Liderazgo x Bogotá

Creatividad e Innovación para el progreso de la ciudad

Grafitti: Algo de rebeldía y mucha libertad de expresión

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Autor: Miguel Andrés Fierro Pinto.

Editor: Germán Sarmiento.

El grafitti es sinónimo de rebeldía, es una manifestación gráfica espontánea, creativa y rápida cuyo mensaje por lo general busca impactar, expresar lo inconfesable y marcar territorio. En los gobiernos autoritarios, el grafitti era el canal de expresión a través del cual se hacían visibles aquellos que estaban al margen de la sociedad. La magia del grafitti es que quien lo escribe está más interesado en enviar un mensaje que en dar a conocer su identidad. Históricamente el fenómeno ha polarizado a quienes lo ven como subversivo, de mal gusto y antiestético con lo perciben y reconocen cómo un acto que refleja libertad, diversidad y cultura.

En los años 80, en Bogotá existió el ‘boom’ del grafitti dónde individuos y colectivos apropiaban el espacio público como propio para expresar públicamente lo que no se atrevían a decir. Los murales, las paredes y sobretodo los caños se convirtieron en oleos públicos interminables, donde el ciudadano se convertía en pintor y a través de un aerosol transformaba su espacio y cambiaba completamente el significado del territorio. Era una época en la que el ejercicio de los derechos estaba condicionado, asimismo las posibilidades que tenía cada cual para acceder a ellos, y sin voz en los medios masivos (no existían las redes sociales), el grafitti aparecía como la alternativa de muchos de ejercer su derecho a difundir, divulgar y dar a conocer su opinión.

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Foto: Tomado de doggshiphop.com – 

Desde entonces, el grafitti se mueve en el fino límite de lo prohibido y lo permitido. De lo tolerable y lo inaceptable. De lo legal y lo ilegal. De lo estético y lo antiestético. No obstante, con el grafitti se siguen trasladando a las paredes de las ciudades tradicionales disputas políticas e ideológicas de la sociedad, donde no abunda la tolerancia y se evidencian las diferentes y particulares concepciones de libertad de expresión que tienen los individuos.

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Foto: tomado de www.skyscrapercity.com 

Quienes controlan la información, quienes buscan preservar lo público, lo privado y las buenas costumbres tratan de evitar la visibilidad de mensajes antiestéticos y quienes buscan visibilizar voces subterráneas, se esfuerzan anónimamente por apelar a la creatividad para alterar lo ordenado.

Muy pocos son capaces de escribir un grafitti públicamente. En el fondo, sin tener un código penal en la mano, sienten que están violando la ley, que están haciendo un hecho “prohibido” y que no pueden ser vistos. También saben que se están apropiando de lo público y de lo privado sin autorización y que están conquistando espacios que no les pertenecen. El grafitti es un hecho en el fondo inocente que con el paso de los años la sociedad lo termina considerando como ofensivo ilegal, debido a que su encanto es la libertad que produce el anonimato. Esa libertad puede construir y fomentar la diversidad, cómo destruir y confrontar.

No obstante, el grafitti por más que pierda su encanto debe dejar de ser un hecho satanizado, irreverente, rebelde y subversivo a ser tolerado y aceptado cómo algo que por más que sea molesto o creativo no es indeleble y se puede borrar en cualquier momento. La sociedad no debe considerar al que dibuja como un delincuente ni este actuar como tal. El respeto debe primar en el que dibuja, como del que recibe el mensaje y el que permite que su pared sea un cuaderno o un óleo público. Las paredes con el grafitti transforman su significado y se convierten en medios de comunicación en el que la benevolencia o maldad de estos, parte del buen o mal uso que se le da.

Por otra parte, el Distrito y sobre todo los medios de comunicación deben contribuir a la inclusión del individuo a la vida social y hacerlo sentir significativo para que no irrumpa a través de la libertad, la agresividad y el anonimato del grafitti. La aceptación del pensamiento del otro no sólo debe ser una política pública sino debe ser una práctica social en la cual los individuos se sientan resignificados a través de la diversidad y la aceptación. Todas las voces, cómo lo dice la constitución deben ser incluidas en todos los canales de expresión existentes, para que no se usen las paredes cómo espacio de información o contra información. En el peor de los casos que sean un espacio más de expresión pública pero no el único.

El grafitti debe convertirse en una corriente alternativa de expresión y opinión para quienes no se contentan con el manejo furtivo y sesgado que dan los medios a la información. Las redes sociales están supliendo el rol que tenía el grafitti, pero la pared seguirá siendo un espacio ideal para conquistar simbólica, cultural e ideológicamente. La sociedad debe acostumbrarse a esta realidad y aceptarla como propia y convivir y aceptar que va a encontrar paredes que digan “Fuera Petro”, “Santa Fe campeón” y “Laura te amo”.

Darle importancia es caer en la provocación que busca el grafittero. 

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