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Grafiti: ¿Dónde trazar la raya?

1 comentario

El grafiti me pone en una situación difícil. Por un lado me encanta el arte de algunos, por su estética o lala transformación que causan en los lugares y murales donde se realizan. También me encantan los mensajes que plasman varios de los inconformes que se han cansado de un sistema opresor y sienten que, como lo dijo una estudiante a quién entrevisté, “las paredes son los periódicos del pueblo”.

Por otro lado me encuentro con lo que considero rayones; siento que oscurecen las calles, las hacen ver sucias y en su presencia me siento un poco más insegura. También me he encontrado estos grafitis en algunas universidades a las que he asistido, y me siento violentada, no bienvenida, como si las paredes me estuvieran gritando, casi sacando de allí.

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Hace poco a propósito del tema de grafiti, asistí a un foro que se realizó en la Universidad Nacional a raíz de un controversial personaje, Sr. Rayón, quién criticando los grafitis que pululan en la llamada ciudad blanca, se dedica a rayarlos con el fin de ridiculizar su mensaje inicial. Escuché con atención a los promotores del proyecto y quienes lo apoyan; sus argumentos se basan en el respeto, en la apropiación y en el cuidado de lo público, en que pueden existir reglas, porque incluso sin reglas no podemos comunicarnos. Afirman que la idea de que “toda regla es una coerción de la libertad”, es una idea falsa. Proponen crear espacios para plasmar las ideas de quienes quieren expresarlas.

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Por otro lado estaban presentes colectivos artísticos y promotores de escribir mensajes en las paredes universitarias. “Paredes blancas, mentes en blanco”, decían algunos. Otros decían, que es una apropiación del espacio universitario donde se pueden hacer debates, que de otra forma no ocurren. Que la estética no debe ser definida. Que el blanco es el color de la colonia, de la burguesía, de las clases dirigentes que siempre han oprimido, y que lo que ocurre en la UN es un reflejo de lo que ocurre en el país. Que en los medios universitarios no se habla de las problemáticas que interesan a la comunidad universitaria y que no tiene voz en esos medios.

Me pregunto:¿Dónde trazamos la raya? ¿Hasta dónde un grafiti es, o debe ser aceptado? ¿Dónde se cruza el límite de la libertad de expresión del individuo, o la agresión que este puede hacer al “destruir” un entorno? ¿Realmente lo está destruyendo?

Hablando con uno de los integrantes del Toxicómano Callejero, decía que todo grafiti es válido. Desde la firma, o el rayón de alguien que tiene “las güevas” para hacerlo, hasta los que consideramos estéticamente más artísticos y agradables. Él hablaba sobre la evolución del grafitero que puede empezar con un rayón porque quiere decirle al mundo aquí estoy, hasta llevar su arte a unos niveles técnicos admirables. Hablaba sobre la comunicación que se da en las calles, cuando las personas leen sus mensajes o se rayan con ellos, llegando incluso al punto de que otros también intervienen su arte. “Y es válido”, dice.

Pensaba nuevamente en el límite. ¿Hasta dónde llega la libertad de expresión de un individuo y hasta dónde el derecho de otro de tener unos espacios públicos “agradables” ¿Quién define lo agradable? ¿Si las personas son coartadas en la posibilidad de expresar sus ideas, dónde las pueden escribir entonces? ¿El hecho de que un grafiti de “Comandos Azules” no me guste, implica que no deba estar ahí pintado?

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Pensaba en espacios donde también se transgredan libertades de unos y derechos de otros. Por ejemplo, cuando la publicidad comercial exterior me invade, pero la aceptamos, o cuando el político roba y lo dejamos, o cuando el gobierno silencia y se lo permitimos, o cuando alguien bulea y no actuamos, o cuando contaminamos y no cambiamos.

¿A qué punto he llegado? Debemos acercarnos, mezclarnos, conocernos mejor, escucharnos. Cuando el artista JR contó en TED sobre su proyecto Inside Out y sobre cómo empezó como artista, entendí que no puedo silenciar la voz de aquel que siente que tiene algo que expresar al mundo. Por eso, esa línea no se la puedo imponer yo al otro. No puedo silenciar su mensaje. Pero si puedo expresar lo que siento acercarme, escuchar lo que tiene que decir. Siento que es en esos acercamientos donde el otro deja de ser un opositor, y se convierte en alguien más que recorre este lugar, y con quien puedo reconstruirlo y transformarlo

Fotografías: Ángela Marcela Hernández

Un pensamiento en “Grafiti: ¿Dónde trazar la raya?

  1. me gusto la libertad de expresion donde deben rayar para mandar mensaje, pero pienso que hay que ofrecer unos muros blancos apartados (ladrillo y cemento) como un periodico blanco para que “rayen” y no sentirse ofendidos, porque la ciudad, universidades y casas merecen respeto entonces el respeto no solo ganar, sino ofrecer respeto a los grandes artistas permitir expresar. un equlibrio entre la ciudad y los artistas libres con respeto

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