El Blog – Liderazgo x Bogotá

Creatividad e Innovación para el progreso de la ciudad

Una odisea sobre ruedas

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Por: Lizeth Bejarano

Es martes, día de trabajo  y de reiniciar mis labores en Bogotá. Tal vez es tarde ¡son las 4 am! y me he levantado con pocas ganas de hacer algún movimiento,  después de un fin de semana de aire y alejada de la ciudad.  Salgo a tomar un colectivo que me dirige hasta el paradero, está un poco tardado y el reloj me indica la prisa de llegar temprano al trabajo. Por fin pasa el esperado aparato de cuatro ruedas.  Al entrar, un buenos días, una charla  con el conductor acerca de la concesión vial de la autopista Medellín, el café de la mañana, de los pocos espacios para el peatón, de las frecuentes paradas el conductor realiza para recoger a los usuarios del transporte y  cancelo al bajar.  He llegado al adorable tormento “el paradero improvisado en una casona vieja”: Las Harineras San Carlos.  Allí, solo allí y a veces en el banco o a la entrada de un concierto, me espera una fila de aproximadamente 60 personas.

Foto 1Luego de 15 minutos mis diálogos internos avisan la imposibilidad de llegar a las 7 am a mi trabajo, pero aun así no me estreso. Me subo y siento en  la confortable silla de la flota que me dirige de Faca a Bogotá. Es hora de dormir y de adelantar terapia con los ojos cerrados.  Despierto después  de una gran coyuntura en la carretera, han transcurrido 40 minutos y me encuentro con la armoniosa euforia de los autos que cantan con sus ruidosos y molestos sonidos. NO PUEDE SER… me encuentro en Mosquera frente al Sena atrapada en un trancón por el accidente de una motocicleta con un   BMW  recién salido del concesionario. Al cabo de la discusión entre los accidentados se decide abrir el paso.  Humo, tractomulas,  paisajes, transeúntes, apartamentos, caos vehicular, orden vehicular… más tiempo.

 El paso de la Av. Cali me dice que pronto he de llegar. Suena el celular  y  mi compañera de trabajo avisa que mis pacientes están esperando la terapia… respiro, miro por la ventana y decido dormir 10 minutos más.  Llego a la Boyacá, cruzo apresuradamente un paso peatonal un poco peligroso, espero que rápidamente los intrusos de dos ruedas y cascos pasen para coger el ultimo colectivo etiquetado:  SOACHA con fondo amarillo. Le solicito con una sonrisa al conductor y la seña en los dedos, de un pequeño recorrido por 1000 pesos.  Abre las puertas y subo cómodamente a unas pequeñas sillas no sin antes chocar mi cabeza con la entrada del vehículo. Abro mis ojos y observo la magnitud de una de las industrias colombianas más grandes y recuerdo las sonrisas de mis pacientes: me relajo.

Foto 2Al bajar del  viejo colectivo, cruzo la Av. Boyacá esquivando los autos que apresurados me amenazan mirándome a los ojos, camino pensando en el escrito para publicar en el Blog, de las palabras que tal vez no utilizaré o de la idea confusa que transmitiré  de viajar sobre ruedas.

Llego al trabajo, observo a  mis pacientes sobre sillas de ruedas y sonrío naturalmente.

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