El Blog – Liderazgo x Bogotá

Creatividad e Innovación para el progreso de la ciudad

La crisis bogotana y el poder de lo intangible

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intangible

Por: María del Pilar Sandoval

Richard St John es un empresario estadounidense reconocido internacionalmente por su investigación sobre el éxito. Ha estudiado el tema durante 10 años y realizó más de 500 entrevistas con personas como Bill Gates, Martha Stewart, y los fundadores de Google. St John saca dos conclusiones. La primera es que las personas exitosas se caracterizan por: pasión, trabajo duro, ser buenos en lo que hacen, enfoque en un único objetivo, empujarse constantemente a ser mejores, buenas ideas, vocación de servicio, y persistencia.

La segunda es que la gente fracasa porque una vez que alcanza el éxito, deja de hacer todo lo que la condujo hacia ello. Eso fue lo que le pasó a Bogotá después de la transformación que experimentó con las alcaldías de Jaime Castro, Mockus y Peñalosa.

Hoy la ciudad enfrenta una crisis de gobernabilidad y desconfianza ciudadana sin precedentes. ¿Qué pasó? Dejamos de hacer todo lo que hicimos bien en la época dorada. Según Carmenza Saldías -secretaria de hacienda y de planeación en las alcaldías de Mockus- los grandes cambios en Bogotá ocurrieron por cosas que no se ven. Las administraciones de la edad dorada entendieron que para transformar a Bogotá era necesario: i) mejorar la calidad de las instituciones; ii) generar mayores ingresos tributarios; iii) tener prioridades de gasto claras. Crearon un círculo virtuoso donde el incremento de la capacidad institucional conllevó a una mejora de la confianza ciudadana, y esa confianza se derivó en un mayor cumplimiento en el pago de impuestos. La ciudad tuvo un norte claro para determinar en qué invertir, pudo contar con los ingresos que necesitaba para financiar esas inversiones a gran escala, y creó la capacidad que se requería para ejecutar los recursos de manera eficaz.

Las administraciones posteriores olvidaron el poder de lo intangible. Se concentraron en mostrar obras y en dar subsidios para ganar popularidad, y se les olvidó que la base para hacer posibles esas inversiones es institucional.

La alcaldía de Petro funciona al revés de las administraciones de la edad dorada. Primero decreta gasto, y luego pone a sus funcionarios a correr para crear empresas, conseguir cupos de endeudamiento o pedir adiciones presupuestales. Su apuesta –en temas de altísima relevancia para la ciudad como el manejo de basuras, los jardines, los comedores comunitarios y la malla vial local- ha sido consolidar un esquema de provisión pública a toda costa, haciendo caso omiso de su impacto fiscal y de las restricciones normativas. Cuando el alcalde cree que puede crear capacidad institucional “sobre la marcha”, olvida que sobre la marcha también va perdiendo no solo sostenibilidad financiera, sino el principal activo con el que cuenta una administración para consolidar sus políticas públicas: la confianza que promueva la acción colectiva de los ciudadanos.

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