El Blog – Liderazgo x Bogotá

Creatividad e Innovación para el progreso de la ciudad

¿Felicidad o riqueza?

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Por: Hamilton Barrios

Pareciera que los gobernantes y los tecnócratas estiman que casi la única posibilidad para cualificar la vida de los ciudadanos es a través de la generación de empleos y el aumento de la productividad que en últimas derivan en un incremento del PIB. En el paquete de proyecciones hechas para Bogotá 2038 todo indica que la ciudad tiende a una desaceleración en todos los frentes y por eso las estrategias, obras y políticas deben apuntar  a un fortalecimiento económico. Sin embargo, una transformación substancial que debería producirse en nuestra comunidad, principalmente en los gobiernos es cambiar el enfoque con el que se pretende construir sociedad y cesar la búsqueda a toda ultranza del incremento de la riqueza. Evidentemente es la tendencia del sistema económico en el que vivimos y no hay duda que todos, los individuos y las sociedades queremos ser más ricos. No obstante y en contraste el primer Reporte Global de Felicidad, ordenado por la Asamblea de las Naciones Unidas, un estudio elaborado para cuantificar nada menos que el nivel de Felicidad de los países, revela  datos insospechados que al respecto se deben tener en cuenta.

Una de las grandes conclusiones es que los países más felices tienden a ser los más ricos. Obviamente. Pero a la vez se establece que hay cosas más importantes que la riqueza para lograr la felicidad o por lo menos el bienestar de una sociedad como conjunto, como la libertad política de los individuos, el fortalecimiento de las redes ciudadanas y lo que para nuestra realidad puede parecer utópico, la ausencia de corrupción.

Entonces hay que evaluar cuáles son las apuestas de nuestros gobiernos. Si se tiene en cuenta que el estudio además revela que existe una estrecha relación entre la desdicha y la constante búsqueda de riqueza, puede que nos estemos perpetuando en ciclos de infelicidad o desesperanza  porque nuestra principal meta como sociedad sea el aumento del capital. Sin embargo el concepto de felicidad no deja de ser un intangible, que a nivel colectivo y en economías como la nuestra sólo puede ser el producto de políticas y programas innovadores.

La idea entonces es empezar a trabajar en estos programas y a valorar qué tanto nuestros líderes consideran estos intangibles, estos bienes etéreos como hoja de ruta de sus proyectos políticos o como indicadores de progreso y desarrollo.

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