El Blog – Liderazgo x Bogotá

Creatividad e Innovación para el progreso de la ciudad

Pequeños grandes cambios

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Por: Carolina Escallón 

Reacción: Jaime Lerner

Cuando una banca multilateral como el Banco Interamericano de Desarrollo decide implementar un programa para ayudar a cinco ciudades en América Latina y el Caribe a forjar el compromiso de convertirse en urbes sostenibles, surgen en la imaginación proyectos inmensos de energías alternativas, beneficios multitudinarios y reinvenciones del modelo de gobierno.

Sin embargo, los millones del BID decidieron concentrarse en cinco programas concretos, uno para cada ciudad, asociados a frentes tan disímiles como la renovación de un centro histórico o la creación de una central de monitoreo para todos los servicios de la ciudad, inspirado en la existente en Río de Janeiro.

Se puede cuestionar entonces sobre la pertinencia y efectividad de estos “pequeños” proyectos. ¿Acaso basta con renovar el centro para que ciudades como Trujillo, Santa Ana, Montevideo, Puerto España y Goiania cambien su rumbo hacia la sostenibilidad? ¿Y qué pensar de megaciudades como Bogotá con enormes desafíos frente a la calidad del aire o el manejo de residuos sólidos, sin contar con los retos de superar la inequidad y la pobreza?

Al pensarlo, parecieran existir dos opciones: o el BID no tiene los recursos necesarios para invertir extraordinarias sumas de dinero en este piloto inicial, o lo que resulta decisivo es el proceso realizado para alcanzar la ejecución de estos proyectos. Su metodología parte de un diagnóstico tan complejo que decide involucrar a expertos y opinión pública – que no siempre están en consenso – y promueve la valorización del proyecto bajo la perspectiva de “cuánto costaría no actuar”.  Todo lo anterior, con la premisa indispensable de la voluntad gubernamental para entrar en acción.

El reconocido ex alcalde de Curitiba en Brasil, Jaime Lerner, dice que “la creatividad empieza cuando le quitas un cero a tu presupuesto” y que ante la imposibilidad de planear con el tiempo que requiere, debe comenzarse a actuar bajo premisas de innovación para lograr auténticas transformaciones. Y va más allá, asegura que tres años son suficientes para transformar a una ciudad.

Pareciera entonces que el proceso resulta tan benéfico para la ciudad, como el proyecto mismo, o aún más. Quizás el rumbo de la sostenibilidad no dependa tanto de la cantidad de dinero a invertir, sino de la forma en que una sociedad urbana es capaz de trabajar junta hacia un propósito compartido y priorizar sus expectativas en pos del bien común. ¡Actuemos para hacer realidad esos pequeños grandes cambios!

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